Mientras las imágenes de incendios, bloqueos y enfrentamientos recorrían el mundo, desde el máximo organismo del fútbol llegó un mensaje inesperado: calma. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aseguró que el organismo mantiene plena confianza en México como sede del Mundial de 2026, incluso tras la ola de violencia detonada por la muerte de Nemesio Oseguera, líder del CJNG.
El episodio dejó una estela de caos en distintas regiones del país. Vehículos incendiados, carreteras bloqueadas y comercios cerrados marcaron una jornada que paralizó varias ciudades y generó inquietud a nivel internacional. Aun así, a pocos meses del arranque del torneo que México organizará junto con Estados Unidos y Canadá, el dirigente del fútbol mundial se mostró confiado.
Desde Barranquilla, Infantino fue directo: todo sigue en pie. Afirmó que existe comunicación constante con el gobierno mexicano y respaldo absoluto a la administración encabezada por Claudia Sheinbaum. El mensaje fue claro: el proyecto mundialista no está en riesgo.
La propia presidenta ya había intentado enfriar las preocupaciones al asegurar que ciudades clave como Guadalajara —una de las sedes más expuestas tras los hechos violentos— cuentan con las condiciones necesarias para recibir a los aficionados y garantizar el desarrollo de los partidos programados.
Los enfrentamientos derivados del operativo dejaron decenas de víctimas entre fuerzas de seguridad, presuntos criminales y civiles, además de reacciones violentas en buena parte del país. Sin embargo, el respaldo internacional sugiere que, al menos en el plano deportivo, el reloj del Mundial sigue avanzando.
Más allá del optimismo institucional, el desafío real será demostrar que la normalidad no solo puede sostenerse durante un torneo, sino convertirse en una constante. Porque la confianza global se construye con promesas, pero se sostiene con resultados.
