La posible llegada de Jorge Arce a Morena ya provocó una sacudida interna antes siquiera de concretarse. Y esta vez, el golpe no vino desde la oposición, sino desde la propia dirigencia nacional del partido guinda.
La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, fijó postura públicamente y dejó claro que no está de acuerdo con abrirle las puertas al exboxeador ni permitirle una eventual candidatura rumbo a las elecciones de 2027 en Sonora. La dirigente argumentó que su rechazo no responde únicamente al pasado político de Arce, sino también a señalamientos y antecedentes que, aseguró, pesan sobre su imagen pública.
La declaración ocurrió durante una conferencia de prensa en la que Montiel Reyes explicó que la decisión final corresponderá a la Comisión Nacional de Elecciones del partido, encabezada por Citlalli Hernández, aunque subrayó que su postura personal es firme: Jorge “El Travieso” Arce no debería ser aceptado dentro del movimiento.
El tema explotó políticamente después de que circulara un video donde el excampeón mundial aparece junto a la diputada federal Diana Karina Barreras, hablando sobre trabajar desde Morena para competir en Sonora en 2027. La imagen encendió críticas inmediatas dentro y fuera del partido, especialmente porque apenas en 2024 Arce contendió como candidato del PAN y durante aquella campaña lanzó ataques directos contra Morena, al que incluso calificó públicamente como un “narco partido”.
Ese antecedente provocó molestia entre militantes y simpatizantes que consideran contradictorio abrir espacio a personajes que hasta hace poco eran adversarios políticos y críticos severos del movimiento. La polémica también volvió a poner sobre la mesa uno de los dilemas que Morena arrastra desde hace varios procesos electorales: el debate sobre los llamados “chapulines políticos” y los filtros reales para definir quién puede representar al partido.
Por ahora, Citlalli Hernández aclaró que Jorge Arce no milita formalmente en Morena y recordó que el partido se reserva el derecho de admisión en casos que generen controversia interna.
El episodio deja algo claro: en tiempos donde los partidos buscan perfiles populares para ganar elecciones, la fama ya no garantiza automáticamente un espacio político. Y en Morena, al menos por ahora, parece que los nocauts mediáticos pesan menos que el historial político de quienes quieren subirse al ring electoral.
