Un nuevo frente de tensión política surgió en torno al intento de la organización Construyendo Solidaridad y Paz de registrarse como partido bajo las siglas CSP. El detalle no pasó desapercibido: coinciden con las iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Desde el gobierno federal se anticipó una batalla legal para impedir que esa denominación prospere. La mandataria cuestionó públicamente que una agrupación política adopte siglas que inevitablemente remiten a su nombre, y dejó claro que se utilizarán los recursos institucionales disponibles para evitarlo.
La controversia tomó forma luego de que el Instituto Nacional Electoral decidiera no imponer medidas cautelares contra la organización, permitiéndole continuar su proceso de registro sin modificar su identidad. Esto abrió la puerta a que el caso escale a instancias judiciales.
Detrás del proyecto se encuentra el grupo que anteriormente dio vida al Partido Encuentro Social, en lo que representa su tercer intento por consolidarse como fuerza política nacional. Encabezado por Hugo Éric Flores, el movimiento asegura haber cumplido con los requisitos legales: más de 200 asambleas distritales y un padrón superior a las 256 mil afiliaciones exigidas.
Sus impulsores sostienen que buscan representar a ciudadanos desencantados con la oferta política actual, bajo una narrativa de reconciliación social. Sin embargo, también han fijado posturas conservadoras en temas como la interrupción del embarazo y la adopción homoparental.
Mientras sus promotores insisten en que la coincidencia de siglas es accidental, el debate revela algo más profundo: en un escenario político cada vez más polarizado, incluso las letras pueden convertirse en territorio de disputa simbólica. Porque en política, el nombre no solo identifica… también comunica poder.
