La movilidad en la Ciudad de México está a punto de sumar un nuevo capítulo. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el próximo lunes 2 de febrero se inaugurará oficialmente el tramo del Tren El Insurgente que conecta Santa Fe con Observatorio, una obra largamente esperada por miles de personas que a diario cruzan esta zona de la capital.
Con un tono cercano, la mandataria adelantó que la inauguración marcará el arranque formal del servicio para el público. La idea, dijo, es que la gente pueda comenzar a usar el tren de inmediato, sin más rodeos ni fechas tentativas. Incluso bromeó con la posibilidad de subirse al convoy temprano, en pleno frío matutino, o hacerlo más tarde durante el día.
La apertura de este tramo no es menor. Conecta dos puntos clave del poniente de la ciudad y permite cerrar el circuito completo de El Insurgente, un proyecto que comenzó a construirse durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y que, tras varios ajustes y retrasos, finalmente llega a su etapa final. Para muchos usuarios, esto significa menos tiempo en traslados y una alternativa real al tráfico que suele colapsar la zona.
Más allá del acto inaugural, el momento tiene un peso simbólico. El tren representa la continuidad de una obra entre administraciones distintas y la promesa de que los proyectos de largo aliento sí pueden concluirse. También abre la conversación sobre cómo se planea y ejecuta la infraestructura pública en una ciudad que no deja de crecer.
La verdadera prueba, sin embargo, vendrá después del corte de listón: que el servicio sea eficiente, constante y realmente útil para quienes lo necesitan. Porque inaugurar es importante, pero lograr que funcione bien todos los días es lo que, al final, hace la diferencia.
