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CDMX bajo presión: crece la población en calle justo antes del Mundial y prende focos rojos

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A meses de que la Ciudad de México reciba a miles de visitantes por el Mundial, hay una imagen que empieza a inquietar: el aumento visible de personas en situación de calle en zonas clave de la capital. Lo que antes era un fenómeno disperso, hoy se concentra con fuerza en el llamado corredor central, integrado por Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Benito Juárez.

La preocupación no es menor. Habitantes de estas alcaldías han encendido alertas tras incidentes recientes, como ataques a automovilistas en Circuito Interior, donde uno de ellos terminó en tragedia. A esto se suma la presencia constante en puentes, bajopuentes y avenidas principales como Paseo de la Reforma, donde la convivencia cotidiana comienza a tensarse.

Colonias de alta afluencia y valor inmobiliario —como Polanco, Roma, Condesa o Las Lomas— ya resienten el impacto. Ahí, vecinos describen rutas completas donde grupos de personas se desplazan y permanecen durante el día, ocupando espacios públicos e incluso instalando campamentos improvisados. El problema no es solo visual: peatones reportan miedo al transitar por ciertas zonas y automovilistas han denunciado situaciones de riesgo.

Los datos confirman que no se trata de una percepción aislada. Según cifras de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social, la población en situación de calle prácticamente se triplicó en tres años, pasando de alrededor de 900 personas en 2022 a casi 2,900 al cierre de 2025. La alcaldía Cuauhtémoc encabeza la lista, seguida por otras zonas con alta densidad urbana.

Además, el perfil ha cambiado. Ya no se trata únicamente de hombres jóvenes; hoy también hay mujeres, adultos mayores e incluso familias completas con menores, lo que complejiza aún más la atención del fenómeno. A esto se suman factores como adicciones y problemas de salud mental, que en algunos casos derivan en conductas agresivas.

Las autoridades han respondido con operativos puntuales, retirando campamentos e invitando a las personas a refugios. Sin embargo, los propios vecinos consideran que estas acciones son insuficientes y, en muchos casos, temporales. La desconfianza hacia los albergues y la falta de programas de reinserción sólidos mantienen el problema activo.

El Mundial está a la vuelta de la esquina, pero el desafío no es solo de imagen urbana. La verdadera prueba para la ciudad será demostrar si puede atender de fondo una crisis social que lleva años creciendo. Porque esconderla no la resuelve… y mucho menos cuando está a plena vista.

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