Las gomitas de colores brillantes, las gelatinas con tonos intensos y varios caramelos que forman parte del consumo cotidiano de millones de mexicanos están por enfrentar un cambio importante. Uno de los colorantes artificiales más utilizados en la industria alimentaria tiene los días contados en el país.
La Secretaría de Salud y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) anunciaron la eliminación gradual de la eritrosina, conocida comercialmente como Rojo 3 FD&C, un aditivo utilizado durante décadas para dar tonalidades rojizas y rosadas a diversos productos. La decisión ya fue publicada en el Diario Oficial de la Federación y marca un nuevo capítulo en la regulación de ingredientes alimentarios en México.
La medida surge después de una evaluación sanitaria que encendió las alertas de las autoridades. De acuerdo con los estudios revisados, el nivel de exposición de la población mexicana a este colorante supera los parámetros internacionales considerados seguros. Los análisis indican que el consumo promedio podría rebasar más del doble de la Ingesta Diaria Admisible recomendada por organismos especializados vinculados a la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Además del exceso en el consumo estimado, la decisión también tomó en cuenta investigaciones toxicológicas realizadas en animales, las cuales relacionan la exposición prolongada a la eritrosina con la aparición de alteraciones en la glándula tiroides y el desarrollo de tumores. Aunque los estudios no se realizaron en humanos, las autoridades optaron por aplicar el principio de prevención para reducir posibles riesgos futuros.
La eliminación del Rojo 3 impactará a una amplia variedad de productos presentes en supermercados, tiendas de conveniencia y mercados. Entre ellos destacan gelatinas en polvo, dulces confitados, caramelos, chicles, frutas procesadas, mezclas para postres y diversos suplementos alimenticios. Un aspecto que llamó especialmente la atención de las autoridades es que muchos de estos productos forman parte del consumo frecuente de niñas y niños.
Sin embargo, la desaparición del colorante no será inmediata. La industria contará con un periodo de transición de dos años para adaptar fórmulas, modificar etiquetas, realizar pruebas de estabilidad y encontrar alternativas que permitan conservar la apariencia de sus productos sin incumplir la nueva regulación.
Más allá de un simple cambio de ingredientes, la decisión refleja una tendencia cada vez más presente en distintos países: revisar constantemente los aditivos alimentarios a la luz de nueva evidencia científica. Lo que hoy ocurre con la eritrosina podría abrir la puerta a futuras evaluaciones sobre otros componentes presentes en alimentos de consumo masivo.
Mientras las empresas comienzan el proceso de adaptación, el mensaje de las autoridades es claro: la protección de la salud pública exige actualizar las reglas conforme evolucionan los conocimientos científicos. Y aunque el famoso Rojo 3 seguirá presente por algún tiempo en los anaqueles, su salida definitiva ya comenzó a escribirse.
