Lo que parecía una simple herida provocada por una pelea entre perros terminó encendiendo las alarmas sanitarias en la Ciudad de México. Un dóberman de 12 años se convirtió en el primer caso confirmado de miasis por gusano barrenador en la capital del país, luego de que médicos veterinarios encontraran más de 200 larvas alimentándose de tejido vivo en una lesión ubicada cerca de una de sus orejas.
El caso ocurrió en la zona de Topilejo, en la alcaldía Tlalpan, donde el animal fue llevado a una clínica veterinaria tras presentar un deterioro visible en la herida. Ahí, el médico veterinario Raunel Jaimes descubrió la gravedad de la infestación. Según explicó, fueron retiradas manualmente alrededor de 214 larvas, aunque únicamente tres muestras fueron enviadas para análisis especializado.
Días después, el diagnóstico fue confirmado por Senasica, que identificó a la especie Cochliomyia hominivorax, mejor conocida como la mosca del gusano barrenador. El problema no era menor: las larvas ya se encontraban consumiendo tejido vivo del perro.
El tratamiento fue intenso y contrarreloj. Además de extraer las larvas una por una, el animal recibió larvicidas, antibióticos y un proceso profundo de limpieza y desinfección. El perro, llamado Bogard, permaneció aislado bajo vigilancia veterinaria hasta lograr estabilizarse y regresar con su familia.
La preocupación creció porque esta plaga no afecta únicamente al ganado. También puede atacar perros, gatos, otros mamíferos e incluso seres humanos. La enfermedad inicia cuando una mosca deposita huevos en heridas abiertas; horas después nacen larvas que penetran la piel y comienzan a destruir tejido vivo mientras se desarrollan.
Aunque las autoridades descartaron casos secundarios, sí desplegaron brigadas epidemiológicas y reforzaron la vigilancia en zonas cercanas. También se realizó la desinfestación del domicilio donde habitaba el animal y campañas informativas para alertar a la población.
Veterinarios recomendaron vigilar constantemente heridas en mascotas, mantener higiene en patios y reportar cualquier presencia de larvas o secreciones extrañas. Cambios de conducta, fiebre, dolor intenso o pérdida de apetito también pueden ser señales de alerta.
El caso dejó claro que enfermedades que antes parecían lejanas hoy pueden aparecer en grandes ciudades. Más allá de la alarma, el episodio también exhibe la importancia de actuar rápido ante cualquier lesión en animales domésticos, porque una pequeña herida puede convertirse en una amenaza mucho más seria de lo que parece.
