Luces encendidas, música a todo volumen y calles llenas… así se vive la noche en la Zona Rosa. Pero detrás del ambiente festivo, crece un problema que ya rebasó la tolerancia de quienes habitan la zona. El ruido constante, las peleas y la operación irregular de algunos bares han convertido a este punto de Cuauhtémoc en uno de los focos más conflictivos de la capital.
Las cifras lo confirman. La Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial reporta más de cuatro mil 200 quejas por ruido en toda la ciudad, de las cuales alrededor de mil 500 se concentran en esta alcaldía. En colonias cercanas a calles como Génova, Hamburgo, Londres o Amberes, el descanso nocturno se volvió un lujo escaso.
Vecinos describen una rutina repetida: música que no baja, gritos en la vía pública y riñas que se extienden hasta la madrugada. Aunque hay operativos, la percepción es que el problema se recicla. “Cierran un lugar y al poco tiempo aparece otro”, comentan habitantes de la zona, donde la actividad nocturna no da tregua, especialmente de jueves a domingo.
Las inspecciones corren a cargo del Instituto de Verificación Administrativa, mientras que las denuncias por ruido son atendidas por la PAOT. En varios recorridos, autoridades han llegado a suspender hasta cinco establecimientos en una sola jornada. En total, se acumulan cerca de 70 clausuras en años recientes por incumplir normas básicas.
El tema no es menor: los niveles de sonido registrados alcanzan hasta 91 decibeles, muy por encima del límite permitido, que ronda los 62 por la noche. A esto se suman sanciones económicas que pueden superar los 300 mil pesos e incluso cierres definitivos en casos reincidentes.
La Zona Rosa sigue siendo uno de los polos más activos de entretenimiento en la ciudad, pero el equilibrio entre diversión y convivencia urbana sigue en disputa. El reto no es apagar la vida nocturna, sino evitar que el ruido termine por silenciar a quienes viven ahí.
