La política exterior de México tiene nuevo rostro. Roberto Velasco fue ratificado como secretario de Relaciones Exteriores tras una votación que dejó ver el respaldo de la mayoría oficialista, pero también las reservas de la oposición, que votó en contra del nombramiento.
El proceso avanzó con rapidez. Después de comparecer ante la comisión correspondiente, el pleno del Senado aprobó su designación y, horas más tarde, rindió protesta. Sin embargo, el consenso no fue total. Legisladores del PRI y PAN señalaron que su rechazo no respondía a un tema personal, sino a preocupaciones sobre el rumbo de la política exterior en un contexto internacional cada vez más complejo.
El escenario que enfrenta Velasco no es menor. La relación con Estados Unidos, la posible renegociación del T-MEC y la atención a temas migratorios y de derechos humanos forman parte de una agenda cargada de presión. En su comparecencia, el nuevo canciller dejó claro que México buscará cooperación internacional, pero sin comprometer su soberanía.
Uno de los puntos más sensibles fue su postura frente al informe de la ONU sobre desapariciones. Velasco defendió la apertura al diálogo, pero cuestionó lo que consideró interpretaciones excesivas del organismo internacional. Al mismo tiempo, aseguró que existe un compromiso institucional para atender la crisis y acompañar a las familias afectadas.
También destacó la intención de reforzar la protección consular y atender casos como el de mexicanos fallecidos en centros de detención en Estados Unidos, adelantando acciones legales y diplomáticas.
Con experiencia previa en la relación con América del Norte, Velasco llega con un perfil técnico y cercano al proyecto político actual. Pero su mayor desafío no será su trayectoria, sino los resultados que logre en un entorno global en constante cambio.
