La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) arranca en un momento decisivo para la región. En la primera ronda de conversaciones, especialistas coinciden en que la prioridad para México será clara: mantener la confianza de los inversionistas y asegurar su acceso preferencial al mercado estadounidense.
El encuentro, previsto en Washington D.C., marcará el inicio de un proceso que no solo definirá ajustes técnicos, sino también el tono político de la relación comercial entre los tres países. Según expertos, esta etapa inicial servirá para fijar posiciones y delinear la agenda que guiará las negociaciones en los próximos meses.
Para Gustavo Uruchurtu, exnegociador del TLCAN, el principal reto de México es preservar la certeza jurídica que ha permitido consolidar la integración económica en América del Norte. En otras palabras, evitar cualquier cambio que genere dudas en el flujo de inversiones o en las cadenas productivas.
El contexto, sin embargo, no es sencillo. Estados Unidos podría utilizar la revisión del acuerdo como una herramienta de presión para obtener concesiones en sectores estratégicos. Entre los temas que podrían entrar en discusión destacan las reglas de origen, especialmente en la industria automotriz, donde se busca limitar la participación de insumos provenientes de Asia.
Desde la perspectiva de Carlos Sorzano, directivo de comercio internacional, el objetivo de Washington es claro: reforzar la integración regional y reducir su dependencia de países como China. Esto implicaría exigir mayor contenido regional en productos manufacturados, lo que impactaría directamente en la operación de empresas en México.
Además del sector automotriz, la revisión podría abarcar áreas sensibles como semiconductores, insumos farmacéuticos y minerales estratégicos, considerados clave en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas.
Otro punto de preocupación es la posible intención de Estados Unidos de evitar comprometerse con una extensión inmediata del tratado. En lugar de ello, podría impulsar revisiones periódicas más frecuentes, lo que mantendría presión constante sobre sus socios comerciales.
Ante este panorama, especialistas advierten que México debe apostar por la estabilidad del acuerdo a largo plazo, evitando esquemas que generen incertidumbre para la inversión extranjera. También señalan la importancia de rechazar medidas unilaterales, como aranceles bajo argumentos de seguridad nacional, que podrían distorsionar el equilibrio del tratado.
