En los últimos 30 años, Estados Unidos ha devuelto o expulsado a más de 25 millones de personas migrantes, una cifra que revela la dimensión y constancia de su política de control fronterizo. El dato surge de la suma de deportaciones formales y devoluciones inmediatas, dos mecanismos distintos que han marcado generaciones enteras de movilidad forzada.
Las autoridades estadounidenses diferencian entre las llamadas remociones, que implican órdenes legales de deportación y sanciones para volver a ingresar al país, y los retornos expeditos, aplicados principalmente en frontera, donde la persona es rechazada sin pasar por un proceso judicial completo. Esta segunda vía fue especialmente utilizada en décadas pasadas.
Durante la administración de Bill Clinton, por ejemplo, se contabilizaron más de 12 millones de salidas forzadas. En esos años se aprobó la Ley de Reforma de Inmigración de 1996, que endureció castigos y amplió la capacidad del Estado para expulsar personas. El gobierno de George W. Bush mantuvo la tendencia, con más de 10 millones de retornos y deportaciones, impulsadas en gran medida por el reforzamiento de la seguridad tras los atentados del 11 de septiembre.
El foco cambió con Barack Obama: aunque el número total de salidas fue menor, su administración encabezó el mayor volumen de deportaciones formales, con cerca de 2.7 millones. Le siguieron Donald Trump, con alrededor de 1.5 millones, y Joe Biden, cuyo gobierno supera ya el millón de expulsiones legales, además de un uso intensivo de devoluciones rápidas tras la pandemia.Un análisis reciente del New York Times destacó que solo en el último año de Trump se deportó a casi medio millón de personas entre operativos internos y acciones fronterizas. Más allá de las cifras, especialistas subrayan que las variaciones responden menos a la magnitud del fenómeno migratorio y más a cómo cada gobierno decide registrar y priorizar las expulsiones.
