La captura de Benoni “N”, señalado por autoridades capitalinas como presunto generador de violencia en el norte de la Ciudad de México, no solo activó un operativo policial. También reavivó una conversación que vuelve cada cierto tiempo: las relaciones públicas y privadas de la exalcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, con personas hoy bajo investigación por delitos graves.
La detención ocurrió la noche del viernes en calles de la alcaldía Gustavo A. Madero, cuando agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana detectaron a dos hombres y una mujer manipulando envoltorios similares a los usados para la venta de droga. La revisión derivó en el aseguramiento de un arma, cartuchos, dosis de cocaína, marihuana a granel, dinero en efectivo, teléfonos celulares y una camioneta. Junto con Benoni “N”, de 41 años, fueron detenidos un hombre y una mujer más.
Las indagatorias apuntan a que los tres podrían formar parte de una célula dedicada a la extorsión y al narcomenudeo, además de estar presuntamente vinculados con un homicidio reciente en la misma zona. El historial del principal detenido incluye, además, un ingreso previo al sistema penitenciario por robo agravado.
Tras difundirse la noticia, reaparecieron en redes sociales imágenes de Benoni junto a Sandra Cuevas, tomadas durante una rodada de motociclistas en agosto de 2025, evento que también quedó marcado por la muerte de una persona atropellada. La exalcaldesa no ha emitido una postura formal; su única reacción pública fue una respuesta irónica en redes sociales que evitó el fondo del tema.
Este caso no es aislado. En meses recientes, Cuevas ha sido relacionada públicamente con otros personajes detenidos por delitos de alto impacto, como “El Choko” o un exfuncionario de su administración señalado por nexos con La Unión Tepito. Aunque no existe investigación oficial en su contra, el patrón genera ruido.
La pregunta no es solo legal, sino política y ética: ¿hasta dónde llega la responsabilidad pública cuando las compañías privadas se repiten? En la vida pública, a veces las coincidencias pesan tanto como las pruebas.
