La Ciudad de México enfrenta una realidad que crece a la vista de todos. En apenas tres años, el número de personas en situación de calle pasó de 900 en 2022 a 2 mil 878 en 2025, según datos de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social. Detrás de la cifra hay historias cruzadas, tensiones diarias y una convivencia cada vez más difícil en algunas zonas de la capital.
Una de las alcaldías más impactadas es Cuauhtémoc, donde se concentra más de mil personas en esta condición. Ahí, a unos pasos de Plaza Garibaldi, trabaja Enrique, un vendedor de periódicos que ha visto cómo el problema se instala frente a su negocio. A sus 71 años, decidió cerrar más temprano y no descarta traspasar el local. No por falta de clientes, sino por el desgaste diario.
“Quisiera que vinieran en la mañana para que vean cómo amanece esto”, cuenta. Orines, heces y escenas que se repiten casi a diario forman parte de su rutina. A eso se suman discusiones verbales que, dice, ya no está dispuesto a soportar. El conflicto no es aislado, pero sí constante.
Mientras tanto, organizaciones civiles advierten que la vida en la calle no tiene una sola causa. Arturo Soto, de la asociación Mi Valedor, explica que detrás hay consumo de sustancias, problemas de salud mental sin atención, quiebres familiares, crisis económicas y, en muchos casos, una cadena de malas decisiones o simple mala suerte.
El contraste es evidente: comerciantes cansados, vecinos molestos y personas que sobreviven como pueden. El reto está en encontrar soluciones que no se limiten a mover el problema de esquina en esquina. Porque ignorar la calle no la vacía; solo la vuelve más ruidosa, más tensa y más urgente de atender.
