¿Qué legisladores tienen el tema de las mujeres?

Estamos a pocas semanas para elegir, entre otros representantes, a los que serán los próximos legisladores de nuestras cámaras. Es tiempo de evaluar cuáles de estos legisladores tienen un tema tan importante como es el de las mujeres, especialmente porque de acuerdo al Instituto de Investigación de la ONU, la mejor manera de reducir la pobreza en nuestro país es abordando la desigualdad de género, y porque más de la mitad de los votantes, un total de 43.66 millones, son mujeres.

Las mujeres trabajan en favor del buen rendimiento de la economía, y si bien no son una minoría numérica, sí lo son desde el punto de vista del empoderamiento.

El Foro Económico Mundial ha advertido que en el 2016 la desigualdad de género en la economía retrocedió a niveles de 2008; las mujeres siguen teniendo más probabilidad de ser pobres que los hombres debido a la brecha salarial mundial del 23% y a que se concentran en los empleos peor remunerados y más precarios.

Para que se dé la equidad se require que se incluyan leyes que brinden a las mujeres plena inclusión laboral y equidad salarial; que se aprueben recursos destinados a programas de créditos y asesorías para que más mujeres tengan acceso a salarios capaces de cubrir las necesidades de sus familias. Sin embargo, en nuestra sociedad uno de cada cinco hombre no cree que las mujeres deban trabajar fuera de casa, aún cuando estén cualificadas para hacerlo.

En el camino tenemos que corregir el modelo fallido que tenemos en nuestras sociedad, con leyes que hagan frente a esta desigualdad en casa y fuera de ella, y que ha alimentado una desigualda económica. De lograrse esta equidad, las siguientes generaciones heredarían un mundo mejor y más sostenible.

Equidad en la educación: A pesar de que no hay razones físicas ni intelectuales para que les niegue las mismas oportunidades a las mujeres, prevalece la discriminación con estereotipos y roles de género propios de mujeres y de hombres. Pareciera que es en la escuela donde hay menos sexismo; no obstante, la discriminación se presenta de forma casi invisible en muchos casos. Son necesarios programas educativos con metas concretas que corroboren y certifiquen la erradicación de estándares diferenciados, el rezago educativo y la población sin escolaridad que afecta mayormente a las mujeres.

Madres de familia solas: Resaltamos la necesidad de estancias dignas, incluyentes y de calidad para hijos de madres solas que trabajan o quieren regresar a la escuela, con horarios ampliados, e incluso para hijos con discapacidad. ¿Cuántas madres encuentran imposible el seguir formándose o trabajar porque el sistema no incluye atención y cuidados focalizados en las necesidades especiales de sus pequeños? Con el fin de mejorar el empoderamiento económico de todas las mujeres, este grupo también necesita fijarse en candidatos que ofrezcan estas condiciones.

Trabajadoras domésticas: El trabajo doméstico y el trabajo reproductivo ha sido históricamente un trabajo asignado a mujeres, sin ninguna remuneración y con una baja valoración social; aunque sigue siendo fundamental para hacer frente a las necesidades del cuidado de los hogares. La informalidad de su contexto lo ubica como una de las ocupaciones con mayores déficits, con reducidos ingresos y con muy bajas tasas de afiliación a la seguridad social. México y El Salvador son los únicos donde la cobertura es voluntaria y con tasas de cobertura más bajas. Especialmente, necesitamos legisladores que propongan leyes que les permitan a estas trabajadoras acceder a una seguridad social de calidad y a créditos para la dignificación o adquisición de su vivienda.

Un aspecto a considerar es el valioso aporte del trabajo doméstico para la sostenibilidad de las economías de los países, como el aumento de las posibilidades para que hombres y mujeres puedan emplearse de forma remunerada fuera del hogar y han evitado que se amplíen las brechas de género, delegando en otras mujeres, la ejecución de las tareas domésticas y del cuidado de personas dependientes.

Mujeres en las maquiladoras: Con la incorporación de tecnología de punta, se posibilitó el emplazamiento de las maquiladoras a zonas conurbadas y empezó la contratación de mujeres. Más tarde, con la necesidad de movimientos finos, ocurrió un reavivamiento del trabajo femenino en nichos como el electrónico, de autopartes y textiles donde se contratan a mujeres jóvenes de entre 14 y 25 años. Especialmente en el sector textil, donde se piden requisitos mínimos, como bajo nivel de instrucción y necesidad de empleo, se ha puesto en una posición de desventaja a las mujeres, con trabajos con menores beneficios, contrataciones temporales y de bajo valor económico. Se necesita leyes que den garantías en este contexto de contratación, así como incentivos para la creación de trabajos mejor remunerados.

Mujeres sin miedo: Todos estos puntos serían insuficientes si las mujeres no pueden estar seguras en sus lugares de trabajo y casas. Por esto es necesario condenas más altas, leyes de protección que permita que vivan sin miedo, así como un presupuesto sensible a los asuntos de género, que incluya soluciones basadas en evidencias; aumente la conciencia pública con una educación preventiva.

Por otra parte, es posibles lograr verdaderos cambios mientras se vea como un problema que no compete solo a mujeres, sino a todos los que pueden incidir en la igualidad y la solidaridad de género.

Como votantes es el momento para decidir por senadores y diputados que apoyen las reformas jurídicas encaminadas a proteger a las mujeres, aumentar la capacidad de respuesta de la policía y todas las instituciones y mejorar el empoderamiento económico de las mujeres en los presupuestos nacionales, sobre todo de las que forman parte de los colectivos más marginados y haciendo hincapié en que la eliminación de la violencia es responsabilidad de todas y todos.

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