Basura espacial, amenaza para la civilización

SpaceX puso en órbita 60 satélites pequeños la semana pasada, la primera entrega de una megaconstelación que la compañía espera que crezca para incluir miles de satélites en tan solo unos años y que podría llevar Internet a las zonas más aisladas del mundo.

Aunque es un hecho que la tecnología va avanzando a pasos gigantescos, también es un hecho que cada lanzamiento genera basura en el espacio.

Ya hay muchos millones de piezas de chatarra girando en órbita. Incluyen propulsores de cohetes gastados, satélites muertos y piezas de escombros de una colisión accidental en 2009 y manifestaciones militares “anti-satélite”. La mayoría de los escombros son demasiado pequeños para ser rastreados.

Es el resultado de medio siglo de viajes espaciales y algunas regulaciones para mantener el espacio limpio.

Mitigar el peligro implica varias cosas: una es encontrar una manera de limpiar algo del desorden que ya existe, aunque todavía no existe una tecnología viable para eso. Otra es garantizar que los satélites recién lanzados no se conviertan en pedazos de basura espacial más adelante.

Musk, por su parte, dice que SpaceX se toma muy en serio el problema: “Nos esforzamos mucho para asegurarnos de que no haya un problema de desechos orbitales”, dijo a periodistas durante una reciente conferencia telefónica.

La Comisión Federal de Comunicaciones, que aprueba los satélites para su lanzamiento, aprobó los diseños de SpaceX y dijo que sus satélites Starlink tienen un riesgo de colisión “cero o casi cero” mientras están en funcionamiento.

Sin embargo, no existen reglas o castigos internacionales formales para responsabilizar a los operadores de satélites por la creación de escombros o el descuido general en el espacio. Algunos países, incluido Estados Unidos, están considerando regulaciones más estrictas.

Por ahora, las empresas y las organizaciones tienen que encargarse de investigar e invertir en ser buenos clientes del espacio.

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